La casa ya no era la misma que antes, los niños ya no se veían en el patio con la misma frecuencia que meses atrás. La casa estaba triste y no habían razones para salir a jugar.
Para Antonio, Francisco y Josefina nada era lo mismo, ni la primavera había sido un incentivo para volver a disfrutar del jardín y de la gran casa en el árbol.
"Papá fue a la guerra" - fue la frase que rompió sus corazones.
En un principio, para Antonio y Francisco su padre era un héroe ya que iba a ir a luchar por el país. Sin embargo, tras pasar los meses, ese orgullo se tornó en miedo y en quererlo de vuelta.
Josefina no decía nada, pero era evidente su tristeza y el deseo de tener a su padre en casa. Habían veces que Josefina se asomaba al patio y miraba por horas la casa en el árbol, pero no se animaba a más que eso. Daba la sensación que se sentaba a recordar cuando su padre la había construido.
Las cartas que informaban sobre el estado de su padre no eran frecuentes, por lo mismo la sensación de incertidumbre envolvía a diario el hogar. Los niños eran pequeños, pero sabían que su padre podía nunca más volver a jugar con ellos.
Una mañana Antonio y Francisco sintieron ruidos en la casa del árbol. Se acercaron y vieron a Josefina adentro. Sorprendidos por verla allí subieron a ver que estaba haciendo.
Josefina estaba atónita, había una caja que se movía sola y sobre ella estaban grabadas las iniciales de sus nombres.
Los niños se quedaron varios minutos contemplándola, hasta que Antonio, el mayor habló.
-¿La abrimos o no?-.